La situación de la calidad de la educación en nuestro país no es motivo de orgullo, al menos no debe ser para una institución educativa o persona que se dedica profesionalmente a educar, capacitar o instruir. El que seamos No Competentes para la comprensión lectora en una probabilidad mayor al 50% es para ponerse a pensar, y actuar.

El anuncio televisivo donde una fundación llama a la acción para mejorar la realidad de que más de la mitad de los jóvenes mexicanos que saben leer y escribir No comprenden lo que leen, nos puede servir para reflexionar de golpe en que la mitad del número de nuestros familiares, es probable que no comprendan lo que leen, así como la mitad del número de nuestros amigos, conocidos, compañeros de trabajo, alumnos, clientes, proveedores de servicios, servidores públicos, etc. Obviamente no se refiere a la no comprensión de textos técnicos o especializados, no, se refiere a textos que cualquier hijo de vecina, por el hecho de haber terminando su educación básica debe comprender. Situación nada agradable por donde quiera que se le vea.
Conozco un grupo de niños de sexto año de primaria que han decidido enseñar a leer y escribir a adultos. La noticia me llenó de alegría por las experiencias que obtendrán ante tal reto y la enorme satisfacción que trascenderá al darse cuenta del impacto que tiene para un ser humano, saber lo que dicen las letras que ha visto en todos lados y que, sin lugar a dudas, la ignorancia de no saber leer, le habrán dificultado la existencia en determinado momento. Contribuir a que las personas incrementen su calidad de vida por saber leer es loable, justo y necesario; el que lo hagan niños es, desde mi perspectiva, motivo de doble alegría. Saber que en el papel, el anuncio, la pared, la pantalla dice “alto, peligro, curva, deténgase, aquí, no agite, un nombre, un número de teléfono, una dirección, una fecha, etc.” por supuesto que mejora la calidad de vida de cualquier persona, luego, si comienza a conocer lo que otras personas piensan, hacen, dicen o sienten por medio la lectura, pueden pasar cosas mejores (¿o peores? ¿depende lo que lea?). Existen numerosos casos de personas que han tenido un desarrollo humano a través de lo que lo leen aunque no hayan tenido estudios formales; aunque bien cabe aclarar que dicho desarrollo es debido a que leen y comprenden lo que leen. No basta pues saber leer, en un mundo con cantidades enormes de información cambiante de todo tipo circulando en los contextos de nuestras vidas, el saber comprender lo que se lee es motivo incluso de sobreviviencia.

¿Suena exagerado?, imagine usted el caso de una persona en estado de salud grave, dependiendo del adecuado funcionamiento de un aparato el cual hay que instalar usando para ello el instructivo, o el correcto entendimiento de la receta médica o del diagnóstico. O aquella persona accidentada por no comprender los elementos preventivos señalados en textos que buscaban precisamente eso, evitar el accidente. O personas despojadas de sus bienes materiales por no haber comprendido un documento, problemas legales que no vienen solos; sin considerar la deprivación cultural a la que está sujeto el individuo que no comprende lo que lee.
Las campañas como aquella que anuncia la realidad que más de la mitad de nuestros jóvenes no entienden lo que leen, (por lo tanto se puede suponer que no lo comprenden y no lo aplican), son oportunidad de estar conscientes y emprender acciones.

Dicen las lenguas (ese instrumento de dos filos) que cierta ocasión un sujeto se presentó ante el ministerio público a denunciar a un asno que le había dado una coz y se negaba a caminar (el asno, no el denunciante). El agente ministerial frunció el entrecejo y dijo con esa voz que la embestidura de los justos provoca: “ciudadano X, vaya y lea usted un poco de las fábulas de Esopo ( asumiendo que comprendería lo que leyera y que el agente ministerial lo hizo previamente) y si lleva el gusto, un poco de los diálogos de Platón; lea con calma, coméntelo con su familia, con la almohada y luego reflexione: ¿cual es la naturaleza del burro?, ¿es acaso justo demandar al burro porque le ha propinado una coz y se ha negado, como todo asno que se digne de serlo, a caminar en cuanto usted se lo ha pedido? . El demandante acudió a una biblioteca pública ( que por cierto sólo había entrado en dos ocasiones por visitas escolares guiadas), le facilitaron los libros, leyó “la zorra y las uvas” y la introducción de los Diálogos de Platón, salió contento y seguro del poder que la lectura le había dado.

Se posó frente al burro insurrecto y, después de mirarlo con aire de suficiencia, arremetió a palos para vengarse de la coz recibida y obligar al animal a caminar hacia dónde él pretendía. ¿Culpa de las lecturas?. No, cada quien comprende lo que quiere comprender, le conviene…o puede.
Una persona que no comprende lo que lee, evitará leer, pues no comprender es angustiante y la posibilidad de tener que hablar de algo que no se comprende lo es más, como es el caso de los estudiantes. Su experiencia de vida les dice que se puede vivir siendo un analfabeta funcional, pero ¡que necesidad que se demuestre públicamente!; total si hemos conquistado grados académicos es deber del ego defender la causa…¡leer no ayuda, cansa y es angustiante!, ¡no leamos!. Esta postura lamentable encuentra adeptos entre nuestros jóvenes estudiantes en milésimas de segundo haciéndoles adoptar posturas realmente temerarias y desdichadas.
El que un universitario no comprenda lo que lee (dejemos por un instante el que no se lea lo suficiente ni lo necesario de acuerdo a cada profesión), es como jugar con un revolver a la ruleta rusa. Presumiblemente además , el mismo sistema educativo que provocó esta situación está propiciando que niños no comprendan lo que leen, es decir, en este instante que usted me lee (espero estar dándome a entender y sin afán de ofender, usted esté dentro de la estadística que comprende un texto), más de la mitad de nuestros niños escolarizados están aprendiendo a no comprender lo que leen; súmele a ello los adultos jóvenes que crecieron sin esta competencia y que finalmente poco a poco van tomando posesión de cargos importantes para el país (comenzando con la orientación de sus jóvenes familias – cualquiera que sea el tipo de familia que formen-). Piense en todas las consecuencias de que un adulto no comprenda lo que lee, consecuencias para él mismo, para usted, si llega a tener relación alguna con él y para el país, o sea no hay forma de libramos, “de todos modos Juan te llamas”. Esto es una broma macabra.

"No es grande quien transforma el estado de la materia, sino quien transforma el estado de la mente"
Gabino Barreda